Cuando me hablas la montaña es más pequeña y no se mueve cada vez

Es como escalar una montaña. Mucho desnivel, muchos km cuesta arriba, mucho peso en la mochila. Terrenos abruptos, sudor, sed, la cumbre que parece alejarse tras cada curva. No sabes que te espera ahí arriba, pero esa es la meta y ahí hay que llegar.

Half Dome, 2694 mt de altura, es la montaña más icónica del parque nacional de Yosemite, EEUU. No se trata de una ascensión de especial dificultad técnica, pero la aproximación a la cumbre es larga, ya que hay que caminar durante unos 17 Km desde el valle, superando 1600 mt de desnivel positivo. El ultimo tramo es una vía ferrata de unos 200 mt sobre una pared casi vertical. El paisaje es precioso. Largos tramos escalonados al lado de cascadas espectaculares, bosques de enormes sequoias y pinos, praderas y zonas rocosas al acercarse a la cumbre. Lo ideal sería dividir la larga caminata en dos días, acampando una noche en el precioso plateaux que se extiende tras el largo detour de John Muir Trail que nos desvia de los escalones del Mist Trail, cerrado por mantenimiento. Sin embargo, nos enfrentamos a la entera ruta de ida y vuelta en el día.

Ya llegar aquí, a California, ha sido toda una conquista. Un largo viaje en avión, el jet lag, dos noches en Palo Alto (con visita a la ciudad de San Francisco), el viaje en coche hasta llegar al impresionante valle de Yosemite. Las noches en una tienda de campaña pequeña, la adaptación a sitios y situaciones nuevas. Nunca nos habríamos atrevido, a no ser por la insistencia de mi hermano y su mujer (tan enamorados de Yosemite que lo visitan cada año) que durante un año y medio emprendieron un paciente trabajo de lavado de cerebro para convencernos a unirnos a su siguiente viaje. 

Y aquí estamos, a medio camino hacía la cumbre de Half Dome. Diego agrede el sendero con la exuberancia de sus 14 años. “Silencioso pero letal”, como lo definirá algún día después una senderista con la que compartimos un tramo de camino. En realidad, tras más de 12 Km aún charla, mas que nosotros, que ya notamos el cansancio. Tras el largo plateux entre pinos y praderas, llegamos a la escalera de rocas que nos llevará a Subdome. Otros 200 mt de desnivel bajo el sol, escalón tras escalón sin tregua. A mi me faltan las fuerzas, tengo que sentarme 3 veces. Llegamos a la vía ferrata. Nos ponemos los arneses y los guantes. Yo dudo, las alturas me asustan. Me da miedo que Diego se bloquee. Ahora que veo lo vertical que es la pared, me parece una locura exponerle a este reto, pero él está decidido, quiere subir. Empezamos la ascensión los 5, agarrándonos a los cables y tirando de brazos para luchar contra la gravedad. Diego está entre mi hermano y su padre. Consigo llegar a un tercio del recorrido, luego siento que me fallan las piernas, veo todo negro, no puedo seguir. Paro hasta recobrar un poco de energía y luego doy media vuelta, mientras Diego se aleja de mi. Cuando llego a la base de la ferrata, Diego ya está conquistando la cumbre. 

Es exactamente como subir una montaña. Mucho desnivel, muchos km cuesta arriba, mucho peso en la mochila. Terrenos abruptos, sudor, sed, la cumbre que parece alejarse tras cada curva. No sabes que te espera ahí arriba, pero esa es la meta y ahí hay que llegar. Piensas que lo acompañarás hasta la cumbre…pero te sorprende. Llega sin ti. 

Es exactamente como subir una montaña. Piensas que en la cumbre te espera el merecido descanso, que la meta quiere decir que lo has conseguido, que verás el mundo a tus pies, que no hay que sudar más. Pero después de la cumbre, queda todavía todo el camino de vuelta…es cuesta abajo pero es largo, estás cansado y te sorprende la noche.

Es exactamente como subir una montaña. Más que de la meta, te acordarás del camino, y de los buenos momentos con las personas que te han acompañado, porqué más que el resultado, lo que une es el esfuerzo.

Es exactamente como subir una montaña. Alguien puede ayudarte y llevarte la mochila durante un rato, pero son tus pulmones y tus piernas los que tienen dar un paso tras otro hasta arriba. 

Es exactamente como subir una montaña. En la cumbre no hay un premio, no hay descanso. Desde ahí arriba, lo que ves son muchas otras montañas, muchas otras cumbres, más subidas que afrontar. Gozarás del descanso esta noche, tras una pizza que te sabrá a gloria, cuando te acurrucarás en tu saco de dormir. Pero la montaña ya te ha embrujado. Mañana volverás a coger la mochila y saldrás a conquistar otra cumbre. 

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È come scalare una montagna. Tanto dislivello, molti chilometri in salita, molto peso nello zaino. Terreno accidentato, sudore, sete, la vetta che sembra allontanarsi a ogni curva. Non sai cosa ti aspetta lassù, ma quello è l’obiettivo, e devi arrivarci.

Half Dome, con i suoi 2.694 metri di altitudine, è la montagna più iconica dello Yosemite National Park, negli Stati Uniti . Non si tratta di una ascensione particolarmente difficile dal punto di vista tecnico, ma l’avvicinamento alla vetta è lungo, poiché bisogna camminare per circa 17 km, superando 1.600 metri di dislivello positivo. L’ultimo tratto è una via ferrata di circa 200 metri su una parete quasi verticale. Il panorama è splendido. Lunghi tratti a gradoni di pietra accanto a spettacolari cascate, foreste di enormi sequoie e pini, prati e zone rocciose man mano che ci si avvicina alla vetta. L’ideale sarebbe dividere la lunga escursione in due giorni, accampandosi una notte sullo splendido altopiano che si estende dopo la lunga deviazione del John Muir Trail che esclude la scalinata del Mist Trail, piú corto ma chiuso per manutenzione. Tuttavia, abbiamo affrontato l’intero percorso di andata e ritorno in un giorno.

Solo arrivare qui, in California, è stata una conquista. Un lungo volo, il jet lag , due notti a Palo Alto (con una visita a San Francisco), il viaggio in auto per raggiungere l’imponente Yosemite Valley. Le notti in una piccola tenda, l’adattamento a nuovi luoghi e situazioni. Non avremmo mai osato farlo se non fosse stato per l’insistenza di mio fratello e di sua moglie (così innamorati di Yosemite da visitarlo ogni anno), che hanno passato un anno e mezzo a farci pazientemente il lavaggio del cervello per convincerci a partecipare al loro successivo viaggio.

Ed eccoci qui, a metà strada verso la cima dell’Half Dome . Diego aggredisce il sentiero con l’esuberanza dei suoi 14 anni. «Silenzioso ma letale», come lo descriverà più tardi un escursionista con cui condividiamo un tratto di sentiero. In realtá, dopo oltre 12 km, chiacchiera più di noi, che giá accusiamo la stanchezza. Dopo il lungo pianoro tra pini e prati, raggiungiamo la scalinata di roccia che ci porterà a Subdome. Altri 200 metri di dislivello sotto il sole, un gradino dopo l’altro senza tregua. Sento che mi mancano le forze, devo sedermi tre volte. Arriviamo alla via ferrata . Indossiamo imbracature e guanti. Esito, l’altezza mi spaventa. Ho paura che Diego si possa bloccare. Ora che vedo quanto è ripida la parete, mi sembra folle esporlo a questa sfida, ma è determinato, vuole salire. Iniziamo la salita tutti e cinque, aggrappandoci ai cavi e usando le braccia per combattere la gravità. Diego procede, tra mio fratello e suo padre. Riesco a percorrere un terzo della salita, poi le gambe mi cedono, vedo tutto nero e non riesco a proseguire. Mi fermo finché non recupero un po’ di energia e poi torno indietro, mentre Diego si allontana da me. Quando raggiungo la base della ferrata , Diego sta già conquistando la vetta.

È esattamente come scalare una montagna. Tanto dislivello, molti chilometri in salita, tanto peso nello zaino. Terreno accidentato, sudore, sete, la vetta che sembra allontanarsi a ogni curva. Non sai cosa ti aspetta lassù, ma quello è l’obiettivo, e devi arrivarci. Pensi di accompagnarlo in vetta… ma lui ti sorprende. Arriva senza di te.

È esattamente come scalare una montagna. Pensi che in cima ti aspetta un meritato riposo, che il traguardo significhi che hai raggiunto il tuo scopo, che vedrai il mondo ai tuoi piedi, che non ci sarà più da sudare. Ma dopo la vetta, c’è ancora tutta la via del ritorno… è in discesa, ma è lunga, sei stanco e ti sorprende il buio.

È esattamente come scalare una montagna. Qualcuno può aiutarti e portarti lo zaino per un po’, ma sono i tuoi polmoni e le tue gambe a dover fare un passo dopo l’altro per raggiungere la cima.

È esattamente come scalare una montagna. Piú che della meta, ti ricorderai del cammino, e dei bei momenti con le persone che ti hanno accompagnato, perché unisce piú lo sforzo che il risultato.

È esattamente come scalare una montagna. In cima, non c’è ricompensa, non c’è riposo. Da lassù, quello che vedi sono molte altre montagne, molte altre vette, altre salite da affrontare. Ti godrai il riposo stasera, dopo una deliziosa pizza, quando ti rannicchierai nel tuo sacco a pelo. Ma la montagna ormai ti ha stregato. Domani, prenderai lo zaino e partirai alla conquista di un’altra vetta.