Semana 3 de cuarentena

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La cuarentena por el COVID19 pilló a Diego en pleno vuelo. El día en el que se decretó el cierre de todos los centros educativos, Diego estaba de viaje con sus compañeros de clase, tras dos trimestres gloriosos. Volvía de una experiencia de una semana en un centro de inmersión lingüística, organizada por su colegio. Hicieron excursiones, talleres, actividades deportivas. Se duchó sin ayuda, durmió en una litera en una habitación con otros compañeros, jugó con ellos a subir y bajar de las camas en los momentos libres. Estuvo muchos momentos sin asistente personal, en las actividades con los monitores del centro y sus compañeros, obligando, eso si, a algún monitor a correr detrás de el en ciertos momentos y a llevárselo de ronda hasta las 3 de la madrugada la primera noche. El último día se ganó una visita a las cocinas, un sitio que le tenía intrigado, por haberse portado genial. Se lo pasó en grande. Fue hace menos de un mes, pero me parece que ha pasado un siglo.

 

Cuando llegaron los autobuses y su padre le recogió, yo estaba dando mi última clase presencial en una universidad ya casi vacía, en un clima extraño de sorpresa e incertidumbre. Al finalizar la clase, en mi despacho silencioso escribí una especie de mensaje de hasta pronto a mis alumnos, cogí mis cosas y me fui a casa. Hacía una tarde preciosa. Ya habíamos llenado la despensa el día anterior, viendo lo que se acercaba. Cuando cerramos la puerta de casa, había en el aire esa sensación de calma inmóvil antes de la catástrofe.

 

Fue un fin de semana extraño. Explicamos a Diego la situación, de forma simplificada. Se habían cancelado todas las rutinas a las que estaba acostumbrado y en las que estaba prosperando como nunca habríamos llegado a soñar: el colegio, el teatro, los boy-scout, el patinaje. En los días de la semana, habría clase “en el iPad” por la mañana. Deberes por la tarde. Luego, un tiempo para el movimiento, juego libre, y luego las rutinas habituales de la noche. El fin de semana, repaso, tareas domésticas, juegos. Esto es porqué “hay un virus” y no podemos salir, hasta que se vaya. No sabemos cuando se irá. No hubo rabietas, ni angustia por estas noticias tan radicales. Probablemente, el día a día “normal” para el es tan absurdo e ilógico que el entrenamiento para superarlo no es muy diferente a lo que supone, para nosotros, enfrentarnos a la vida que se ha puesto bocabajo de un día para otro. El mundo al revés es lo habitual para él, esta es simplemente una nueva variación del tema. Así que, mientras nosotros intentamos sobrellevar lo que parece ser vivir en la vieja película del día de la marmota, despertándonos cada mañana en el mismo día que el anterior, con el boletín diario de contagios y defunciones, cuarentenas, carencias de material sanitario y noticias cada día más catastróficas, con turnos estrictos en casa para seguir las clases de Diego, trabajar online, cocinar y limpiar, Diego es la alegría de la casa con su buen humor y nos parece decir “hey, ¿es rara la vida verdad? Bienvenidos al club!!”

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Il confinamento per il COVID19 ha colto Diego in pieno volo. Il giorno in cui vennero chiusi tutti i centri educativi, Diego era in viaggio con i suoi compagni di classe, alla fine di due trimestri scolastici gloriosi. Stava tornando da una esperienza di una settimana in un centro di immersione linguistica, organizzata dalla sua scuola. Ha partecipato a escursioni, seminari, attività sportive. Si é fatto la doccia senza aiuto, ha dormito in un letto a castello in una stanza con altri compagni, ha giocato con loro a scendere e  salire sui letti nel tempo libero. Ha trascorso molti momenti senza l’assistente personale, con gli animatori del centro e i suoi compagni, costringendo, questo sì, qualche animatore a corrergli dietro in certi momenti e portarlo con sé nella ronda notturna fino alle 3 del mattino la prima notte. L’ultimo giorno ha vinto una visita alle cucine, un posto per cui nutriva una enorme curiositá fin dal primo momento, per il suo comportamento eccezionale. É stata una settimana grandiosa. È stato meno di un mese fa, ma mi sembra che sia passato un secolo.

 

Quando arrivarono gli autobus e suo padre andó a prenderlo, stavo dando la mia ultima lezione in un’università giá semi vuota, in uno strano clima di sorpresa e incertezza. Alla fine della lezione, nel mio ufficio silenzioso scrissi una specie di messaggio di saluto ai miei studenti, raccolsi le mie cose e tornai a casa. Era un pomeriggio splendido di fine inverno. Avevamo già riempito la dispensa il giorno prima, in previsione degli avvenimenti. Quando chiudemmo la porta d’ingresso dietro di noi, c’era nell’aria quella sensazione di quiete prima della catastrofe.

 

Fu un fine settimana strano. Spieghiammo la situazione a Diego in modo semplificato. Tutte le routine a cui era abituato e in cui stava prosperavndo come non avremmo mai immaginato erano state cancellate: scuola, teatro, boy scout, pattinaggio. Da lunedi a venerdíi, ci sarebbe stata lezione “sull’iPad” al mattino. Nel pomeriggio, i compiti. Poi un momento per il movimiento e il gioco libero, e poi le solite routine della notte. Il finesettimana, ripasso, lavori domestici, giochi. Questo perché “c’è un virus” e non possiamo uscire finché non se ne va. Quando, non lo sa nessuno. Non ci sono state crisi o nervosismo per queste notizie radicali. Probabilmente, il “normale” giorno per giorno è così assurdo e illogico per lui che l’addestramento per superarlo non è molto diverso da ciò che significa, per noi, la vita capovolta da un giorno all’altro. Il mondo sottosopra è normale per lui, questa è semplicemente una nuova variazione sul tema. Quindi, mentre noi  cerchiamo di affrontare ciò che sembra vivere nel vecchio film “il giorno della marmotta” (svegliarsi ogni mattina nel giorno precedente, con il bollettino giornaliero di infezioni e morti, quarantene, mancanza di forniture mediche e notizie sempre più catastrofiche, con turni rigorosi a casa per seguire le lezioni di Diego, lavorare online, cucinare e pulire), Diego è la gioia della casa con il suo buon umore e sembra che ci dica “ehi, la vita è strana, vero? Benvenuti al club !! ”

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