El cielo de los logros

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Hace pocos días, llegando a casa del trabajo a la hora de cenar, abrí la puerta y lo primero que vi fue la carita de Diego que, sentado en la mesa y con el tenedor en la mano, se estiraba todo hacia mí y con una sonrisa resplandeciente  me clavaba la mirada en los ojos y me decía: “hoooiaaaaaa” y luego se reía a carcajadas mientras me lo comía a besos. Poco después, su padre y el me enseñaron el juego que se habían inventado por la tarde, en el que Diego perseguía por la casa a su papá intentando llamar su atención y atrapar su mirada mientras el fingía no hacerle caso, y de repente se abalanzaba sobre el niño y le llenaba la cara de besos, lo cual provocaba a Diego un ataque de risas histéricas. No pude evitar pensar en cómo había cambiado el cuento desde los tiempos en los que éramos nosotros a perseguirle por toda la casa durante horas, intentando conquistar una mirada de tres segundos.

Muchos de los avances que hemos conquistado no han llegado de repente, si no que se han construido a base de pequeños pasos adelante seguidos de algún paso atrás. Las fluctuaciones hacen muy difícil ver la progresión en el corto plazo, y más cuando la perspectiva es tan cercana como puede ser la de dos padres devorados del miedo.  Nos ha costado mucho tiempo aprender a interpretar los progresos y las regresiones, y muchas veces hemos tenido la sensación de que los avances no se consolidaban. No es verdad. A pesar de las fluctuaciones, lo que va aprendiendo siempre se consolida, tarde o temprano, y los pasos atrás se van espaciando y haciéndose cada vez más pequeños. Es más, a veces las regresiones en ciertas áreas has acompañando progresos en otras, como si el esfuerzo para avanzar es tan grande que tiene que captar energía de otras partes. Sin embargo, esos momentos, que pueden durar pocos días o muchas semanas, disparan nuestra ansiedad, amplificando nuestra percepción de las dificultades y ocultando todos los logros.

Para sobrevivir a las regresiones, el mes pasado he empezado a crear un cielo estrellado en el techo de nuestra habitación. Cuando Diego logra algo importante, coloco una nueva constelación con estrellas adhesivas luminiscentes. Tenía que haber empezado antes, pues ahora tendría muchas…su primera frase espontánea, su primer abrazo de verdad. Aprender a vestirse (casi) solo, empezar a contestar a las preguntas. Buscarnos para hacer un juego juntos. La primera vez que nos dijo “mamá” y “papá”. Su primer dibujo, su primera vuelta en el tobogán, la primera vez que me enseñó algo. Todo esto le resumí con la primera constelación: la osa menor con la estrella polar, para celebrar el haber conseguido recuperar los retrasos en su desarrollo y colocarse dentro de la media para su edad (aunque en ciertas áreas está todavía en el límite inferior). Su primera vuelta en bici con los ruedines, en semana santa de este año, le ha merecido la constelación de Casiopea, y con la constelación del Draco he celebrado la semana del juego del ataque de besos y el comienzo de la cuarta temporada de fines de semana de camping. Cuando acabamos un día difícil y voy a la cama desmoralizada, antes de dormirme contemplo mi cielo y me recuerdo a mi misma que si hemos logrado todo esto, conseguiremos mucho más.

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Pochi giorni fa, tornando a casa dal lavoro all’ora di cena, aprii la porta e come prima cosa vidi la faccina di Diego che, seduto al tavolo e con la forchetta in mano, si stirava tutto verso di me e con un sorriso luminoso mi guardava fisso negli occhi e mi diceva: “Ciaoooooo” e poi rideva a crepapelle mentre me lo mangiavo a baci. Poco dopo, lui e il papà mi hanno fatto vedere il gioco che si erano inventati nel pomeriggio, in cui Diego inseguiva il papà per tutta la casa cercando di richiamare la sua attenzione e il suo sguardo, mentre lui fingeva di non fargli caso, e all’improvviso attaccava il bambino riempiendolo di baci, il che provocava a Diego un attacco di risate isteriche. Fu impossibile evitare di pensare com’è cambiata la storia dai tempi in cui eravamo noi a inseguirlo per tutta la casa per ore, cercando di conquistare uno sguardo di tre secondi.

Molti dei progressi che abbiamo conquistato non sono arrivati all’improvviso, ma si sono costruiti a base di piccoli passi avanti seguiti da qualche passo indietro. Le fluttuazioni rendono molto difficile vedere l’evoluzione a corto termine, soprattutto quando la prospettiva è tanto vicina come quella di genitori divorati dalla paura. Ci è costato molto tempo imparare a interpretare i progressi e le regressioni, e molte volte abbiamo avuto l’impressione che i progressi non si consolidavano. Non era vero. Nonostante le fluttuazioni, quello che impara si consolida sempre, presto o tardi, e i passi indietro si spaziano sempre di più e si fanno man mano più piccoli. A volte le regressioni in certe aree hanno accompagnato progressi in altre, come se lo sforzo per avanzare è così grande da dover captare energia da altre parti. Tuttavia quei momenti, che possono durare pochi giorni o molte settimane, fanno esplodere la nostra ansia, amplificando la nostra percezione delle difficoltà e nascondendo tutte le conquiste.

Per sopravvivere alle regressioni, il mese scorso ho cominciato a creare un cielo stellato sul soffitto di camera nostra. Quando Diego raggiunge qualcosa di importante, aggiungo una costellazione con stelle adesive luminose. Avrei dovuto cominciare prima, e adesso ce ne sarebbero molte…la sua prima frase spontanea, il suo primo abbraccio vero. Imparare a vestirsi (quasi) da solo, cominciare a rispondere a qualche domanda. Cercarci per giocare insieme. La prima volta che ci chiamò “mamma” e “papà” spontaneamente. Il suo primo disegno, il suo primo giro sullo scivolo, la prima volta che ci mostrò qualcosa. Tutto questo l’ho riassunto nella prima costellazione: l’orsa minore con la stella polare, per festeggiare l’essere riusciti a recuperare i ritardi nello sviluppo e rientrare nella media per la sua età (anche se in certe aree é ancora nel limite inferiore). Il suo primo giro in bici con le rotelle, a Pasqua di quest’anno, si è meritato la costellazione de Cassiopea, e con la costellazione del Drago ho celebrato la settimana del gioco dell’attacco di baci e l’inizio della quarta stagione di fine settimana in campeggio. Quando si chiude una giornata difficile e vado a letto demoralizzata, prima di dormire contemplo il mio cielo e mi convinco che se abbiamo raggiunto tutto questo, conquisteremo molto di più.

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