Una nueva etapa

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Se acercaba el fin del año escolar, y con ello el fin de la guardería. Diego estaba a punto de cumplir 3 años, y de ser escolarizado. El proceso de matriculación había requerido otra evaluación más de Educación, para determinar si necesitaba de un colegio de educación especial o si podía acudir a un colegio ordinario, y en este caso, de que apoyos necesitaría. Al final, el veredicto fue colegio ordinario con el apoyo de PT, AL y AT. La perspectiva de empezar una nueva etapa nos angustiaba. La guardería era un ambiente protegido, las maestras le querían muchísimo y se habían esforzado al máximo para atender a sus necesidades. Todos los días, al recogerle, nos contaban en detalle que tal había ido el día, y muchas veces se emocionaban al enseñarnos algún vídeo con los pequeños progresos de Diego. Le atenderían con el mismo cariño, en el colegio? Se esforzarían de la misma forma para aprender las miles estrategias para atrapar su mirada, su interés, para estimularle? O le dejarían en un rincón toda la mañana, con sus estereotipias, sus obsesiones, atrapado en su mundo, echando a perder todas las conquistas del último año y medio?

En la segunda semana de marzo fuimos a visitar el colegio donde Diego estaba matriculado, para conocer al personal de apoyo y hacernos una idea de lo que podíamos esperar. Nos acogió un hombre joven muy sonriente, el PT. Nos enseñó el colegio, las clases, el material que utilizaba para otro niño con TEA, dos años mayor que Diego. Al ver el panel con los pictogramas de la agenda visual se nos cayó un peso de encima…ya conocían el camino. Hablando con el PT nos dimos cuenta de que estaba totalmente en línea con nuestras ideas…su método de trabajo consistía en entrar en clase durante sus horas de apoyos para ayudar al niño a integrarse en las actividades de la clase y para enseñar a la tutora todas las estrategias necesarias.  Justo en ese momento me llegó un whatsapp de Italia. Mi sobrino, nacido gravemente prematuro dos días antes, había ganado 40 gramos. Los fantasmas de la noche anterior, sobre Diego y su primito, se levantaron un poco y me dejaron respirar.

Hasta principio de septiembre no supimos quien iba a ser su tutora, que iba a jugar un papel fundamental en el camino de Diego en los siguientes tres años. Algunas tutoras no se muestran muy colaborativas con los PT, o son poco empáticas, o no tienen mucho interés en atender a las necesidades de niños con dificultades. Estuvimos hablando de estas cosas con el terapeuta de Diego durante una hora y media, una de las últimas sesiones con el. Nos despedimos preocupados, y salimos del centro base muy serios. Nos encaminamos hacía el coche cuando alguien nos llamó…era el, que nos perseguía en bici con una gran sonrisa. Justo en ese momento consulta le había llegado la información sobre quién iba a ser la tutora de Diego, y las noticias eran muy buenas. Algunos días después se reunió con todo el equipo escolar, tutora y apoyos, para trasladarles toda la información sobre Diego. Yo estuve pendiente del teléfono toda la mañana, para saber su opinión sobre el equipo que iba a ser responsable de la educación de Diego, ya que los servicios del centro base iban a terminar con su escolarización. Por fin, llegó su llamada: “ha venido Dios a veros…”. El alivio fue tanto que me mareé y me tuve que sentar.

 

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Si avvicinava la fine dell’anno scolastico, e quindi dell’asilo nido. Diego stava per compiere 3 anni, e per essere iscritto alla scuola materna. Il procedimento aveva richiesto una valutazione (un’altra…) del provveditorato, per determinare se aveva bisogno di una scuola speciale o se poteva andare a una ordinaria, e in questo caso, con quali sostegni. Alla fine, il verdetto fu scuola ordinaria con sostengo di pedagogo-terapeuta, logopedista e assistente tecnico. La prospettiva di cominciare una nuova tappa ci angosciava. L’asilo nido era un ambiente protetto, le maestre lo amavano e si erano sforzate al massimo per coprire le sue necessità. Tutti i giorni, quando andavamo a prenderlo, ci raccontavano in dettaglio com’era andata la giornata, e spesso si emozionavano al mostrarci i video con i piccoli progressi di Diego. L’avrebbero trattato con lo stesso affetto, a scuola? Si sarebbero sforzati nello stesso modo per imparare le mille strategie per catturare il suo sguardo, il suo interesse, per stimolarlo? O l’avrebbero lasciato in un angolo tutta la mattina con le sue stereotipie e ossessioni, imprigionato nel suo mondo, distruggendo tutte le conquiste dell’ultimo anno e mezzo?

La seconda settimana di marzo andammo a visitare la nuova scuola di Diego per conoscere il personale di sostegno e farci un’idea di quello che avremmo potuto aspettaci. Ci accolse un uomo giovane e molto sorridente, il pedagogo. Ci mostrò la scuola, le aule, il materiale che utilizzava con un altro bambino autistico, due anni più grande di Diego. Vedere il pannello con l’agenda visiva di pittogrammi ci tolse un peso dallo stomaco…conoscevano già la via. Parlando con il pedagogo ci rendemmo conto che era completamente in linea con le nostre idee…il suo metodo di lavoro consisteva nell’entrare in classe durante le sue ore di sostegno per aiutare il bambino a integrarsi nelle attività della classe e per insegnare alla maestra le strategie necessarie. Giusto in quel momento mi arrivò un whatsapp dall’Italia. Mio nipote, nato gravemente prematuro due giorni prima, aveva guadagnato 40 grammi. I fantasmi della notte anteriore, su Diego e il suo cuginetto, si sollevarono un po’ e mi lasciarono respirare.

Fino ai primi di settembre non si seppe chi sarebbe stata la sua maestra, che avrebbe giocato un ruolo fondamentale nel cammino di Diego nei seguenti tre anni. Alcune maestre non sono molto collaborative con i pedagoghi di sostegno, o sono poco empatiche, o non hanno molto interesse a occuparsi di bambini con difficoltà. Parlammo di queste cose per un’ora e mezza con il terapeuta di Diego, in una delle ultime sessioni con lui. Uscimmo dal centro base molto preoccupati. Stavamo camminando verso la macchina quando ci sentimmo chiamare…era lui, che ci inseguiva in bici con un grande sorriso. Proprio in quel momento gli era arrivata l’informazione su chi sarebbe stata la maestra di Diego, e le notizie erano molto buone. Alcuni giorni dopo ebbe una riunione con tutte il team scolastico (maestra e sostegni) per trasmettergli tutte le informazioni su Diego. Aspettai la sua telefonata per tutta la mattina, per conoscere la sua opinione sulle persone che sarebbero state responsabili dell’educazione di Diego, visto che i servizi nel Centro Base sarebbero terminati con l’inizio della scuola. Finalmente arrivò la chiamata: “è sceso Dio a trovarvi…” Il sollievo fu tanto che mi girò la testa e mi dovetti sedere.

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